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Los divorcios más Sonados del fútbol peruano

Jueves, 20 de Agosto de 2009



La vida no es color de rosa. Y de eso saben muchos de los futbolistas peruanos, quienes han encontrado el éxito en su carrera deportiva, más no su vida afectiva, siendo protagonistas de desengaños y habiendo experimentado el dolor y la tristeza; faceta en la que nunca hemos imaginado a muchos de ellos.

Divorcios del Perú
Uno de los que dieron que hablar con su separación fue Roberto Martínez, quien decidió divorciarse de Gisela Valcárcel, pues la linda modelito Viviana Rivas Plata se empezaba a reinar en su cabeza.
El ex jugador de Universitario se ganó el repudió la el 80% de peruanos que vieron a Martínez como el patán y a la ‘Señito’ como la victima de todo este cuento, ya que fue inevitable  que la mayoría de mujeres se identificaran con el difícil momento que le tocaba vivir.

Pero Rober quiso demostrar que no dejó a Gisela por un vacilón, sino que verdaderamente se había enamorado de la ex Miss Perú; pero lo que mal empieza mal acaba. Así que la separación no tardó. Ahora el ex merengue es pareja de la modelo Melissa Loza y hasta dice que se quiere casar con ella, pero creo que ni la propia Melissa le cree.

Quien también dio mucho que hablar fue el ‘Puma’ Carranza, pero en este caso la víctima fue el futbolista, quien tras una infidelidad de su amada Carmen Rodríguez, decidió perdonarla y volver a empezar. Aunque no debemos olvidar las jugadas que se mandó el ex capitán de Universitario y no me refiero precisamente a las maniobras con el balón.

Otra de los divorcios más escandalosos fue el de Aldo Olcese, a quien le tiraron la ropa a la calle luego de que se le viera en todas las pantallas del Perú ‘jugueteando’ con Malú Costa. Aunque la modelo dijo que se le había perdido el arete. ¿Le creen?

Lo cierto es que el delantero ya dejó atrás a Malú y a su ex esposa, pues espera a un bebé junto al amor de su vida, Olga, quien supongo, no quiere saber nada de autos ni aretes.

Waldir Sáenz no podía faltar en esta lista, pues como se recuerda su actual esposa Ericka lo denunció en la comisaría de Surco por agresión y abandono de hogar. Sin embargo, el moreno supo reconquistar a su esposa y ahora dice que está tranquilazo. Ver para creer.

Y la separación más calientita es la de Julinho, quien anunció públicamente que se ha alejado de Paola Arias, madre de su pequeña bebé y con quien se unió luego de divorciarse de su primera esposa brasileña, con quien tiene un pequeño que esta cerca de la adolescencia.

El Perú es un fracaso en el futbol

Jueves, 20 de Agosto de 2009



 

Hace veinte y cinco años que no vamos a un mundial. Nuestro último partido en España 82 fue una derrota aplastante ante Polonia por 5 goles a 1. Esta semana Ecuador nos ha goleado por el mismo marcador en Quito. Salvo Venezuela cuyo interés y pasión por el fútbol son tan profundos como los pensamientos de Paulo Coelho, todos los países sudamericanos han asistido por lo menos a un mundial en este último cuarto de siglo. ¿Por qué la selección de fútbol peruana constituye el éxito del fracaso? ¿Son nuestros jugadores la metáfora del nuevo carácter nacional? ¿Qué papel desempeña la prensa deportiva en este sendero sin gloria? ¿Cómo expresan los jóvenes peruanos su frustración y rabia ante este desastre?

Futbol Peruano un fracaso

Los jugadores de fútbol son los héroes y los villanos de la hegemónica cultura popular internacional. Los aficionados y televidentes transfieren sus sueños de gloria y poder a los futbolistas; por ello, los más exitosos futbolistas se convierten en símbolos globales, en cuerpos/mercancías que venden sentimientos, valores y camisetas. Los futbolistas y clubes más prestigiosos no pertenecen a ningún lugar, son parte de la cultura desterritorializada que alimenta a nuestra voraz sociedad del espectáculo.

Sin embargo, las selecciones de fútbol son un resto anacrónico, un cortocircuito en la globalización cultural. Se rigen por la pertenencia política a un territorio y no por las leyes del mercado, movilizan sentimientos tan aberrantes, hoy, como el patriotismo y promueven una cohesión social no regida por la imposición moral del consumo uniforme. Finalmente, las selecciones reflejan aspectos del carácter y de los problemas de una comunidad nacional: la alegría, el baile y la magia del equipo brasileño o el desafío multicultural de los jugadores afrodescendientes en el equipo francés.

En el Perú, el fútbol es un espacio de posibilidades sociales para quienes no tienen casi ninguna por su condición socioeconómica o su pertenencia a las comunidades étnicas subalternas. Los que se dedican profesionalmente a este deporte poseen, en su mayoría, el mismo perfil: orígenes humildes, conducta díscola, deseos de movilidad social, educación precaria. Sus más caros anhelos se funden con los más ordinarios deseos colectivos: triunfar en el extranjero, vivir romances con una vedette, anfitriona o modelo, comprar un auto de película. La figura social del futbolista es un arquetipo popular; por eso, su caída y derrota duelen tanto.

La paradoja del fútbol peruano contemporáneo es que tenemos un amplio conjunto de individualidades exitosas en el extranjero, pero que juntos solo conforman una selección marcada por la derrota y el ridículo. Es decir tenemos futbolistas globalizados que ya no pueden ser nacionales ni siquiera noventa minutos. Parafraseando la necia frase de Chemo del Solar, debemos decir que “tenemos la mejor generación de jugadores (globales) de los últimos cincuenta años”, pero eso constituye un presente griego, solo agudiza nuestras debilidades.

En el pasado, el fútbol peruano estuvo definido por la habilidad y la creatividad, por el regodeo con el balón, ora intrascendente, ora letal. ¿Hoy, cuál es el carácter nacional expresado en la selección de fútbol peruano? La inestabilidad, el desorden, el fuego fatuo del talento, la irregularidad, en síntesis la imposibilidad de crear un sujeto colectivo con voluntad. A diferencias de las buenas selecciones, nuestros jugadores, seducidos y atrapados por la fantasía placentera de la disolución del sujeto moderno, no pueden usar localmente sus calidades globales. Cuando el público se lamenta de que estos jugadores “no sudan la camiseta”, están intuyendo la médula del problema, no hay contacto posible entre un cuerpo globalizado y un símbolo nacional.

En el Perú, la prensa deportiva posee una franja importante del segmento periodístico. No se satisface el interés del consumidor de esta prensa con análisis técnicos o datos históricos, el lector busca otra cosa. Como sostiene Javier Garvich: “el grueso de la prensa deportiva habla más de los éxitos de los futbolistas peruanos en el exterior, se vuelca más a la vida privada del sujeto noticioso que a su perfil profesional y recrea la oralidad como el principal mecanismo comunicativo en sus páginas”.

Sentencia Garvich: “El futbolista es la noticia, sean sus éxitos en el extranjero o sus intimidades amorosas. Es el personaje fundamental en las columnas de chismes y en las entrevistas, si lo han visto en tal o cual bar, quiénes lo acompañaban y si aparecía la vedette de turno. Las broncas de vestuario, los rifirrafes con la prensa, los dimes y diretes con los entrenadores, la conducta de los dirigentes, eso es lo que importa, lo que se publica y lo que se consume”. Es decir, nosotros también somos responsables de la construcción mediática del jugador como individuo-mercancía; por ello, no podemos quejarnos de sus fracasos en un juego colectivo.

El foro web de Terra Perú sobre el último resultado de la selección peruana recibió más de mil comentarios en menos de veinte horas. Navegar en ellos es sumergirse en la rabia, la frustración, los prejuicios, el sentido común, el lenguaje fosilizado y una ortografía que nos golpea tanto como las derrotas futbolísticas. La ironía es rara, a veces brillan la chispa y el ingenio satírico, predomina el convencional insulto, directo y soez, contra la madre y la masculinidad. He decidido incluir las tildes y emplear las mayúsculas adecuadamente para facilitar la lectura.

“Que ya no pasen las eliminatorias por TV que tanto daño nos hace”, “inicia la eliminatoria y ya estamos eliminados”, “si hubiera un campeonato de perdedores nosotros seriamos los campeones mundiales”, sostienen los defensores del realismo sazonado con ironía. Sin embargo, todavía hay lugar para una alicaída esperanza: “¡Mi generación no quiere morir sin ver al Perú en un mundial!”, “mi sueño es que mis hijo (no mis nietos) vean al Perú en un mundial”.

Abundan las interpelaciones directas, el grito airado contra los futbolistas: “Aterrizen Sres. futbolistas no se han sinverguenzas”, “hasta cuándo va seguir esto, con derrotas vergonsosas”, “eso lo han demostrado mil veces estos bástagos hijos de su mamá”. Quizá la más emblemática es la que firma “un peruano indicnado”: “Es una porquería el equipo peruano, una berguenza que no sirve para nada”. Después de leer todas las opiniones, no puedo sino coincidir entrañablemente con estas dos: “sinseramente, las lágrimas caen solas después de esta humillación, toda la ilución termina aquí”, “es una trizte realidad”.